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El Brutalista: Un retrato descarnado del Sueño Americano y la persistencia de la memoria

 

“El brutalista”: Fecha de estreno, sinopsis, tráiler y más de la película con Adrien Brody

 

Desde su estreno en el Festival de Cannes, El Brutalista, la ambiciosa película de Brady Corbet, ha sido aclamada como una de las obras cinematográficas más audaces del año. Con una duración de tres horas y media, el film nos sumerge en un viaje visual y emocional que abarca décadas, explorando la vida de un inmigrante europeo en la posguerra estadounidense. A través de la figura de László Tóth (interpretado magistralmente por Adrien Brody), Corbet construye una historia sobre la memoria, la identidad y los cimientos del Sueño Americano, que lejos de ser idílico, se muestra como un campo de batalla entre la ambición y la exclusión.

 

Un retrato del inmigrante en la América de posguerra

László Tóth es un arquitecto húngaro que sobrevive a los horrores del Holocausto y emigra a Estados Unidos buscando reconstruir su vida. Sin embargo, el país que lo recibe es uno donde las oportunidades no se conceden fácilmente a los extranjeros, y mucho menos a un hombre marcado por la tragedia. Corbet nos presenta a un protagonista complejo, que oscila entre la genialidad y la autodestrucción, atrapado entre su aspiración a la grandeza y las cicatrices de su pasado. Su condición de judío en una sociedad dominada por la elite blanca protestante lo coloca en una posición de constante lucha por el reconocimiento, una temática que el film aborda con un realismo descarnado.

La relación de László con el magnate Harrison Van Buren (Guy Pearce) es una de las más reveladoras del film. Van Buren, quien primero lo desprecia, luego lo reconoce como un arquitecto de talento innegable y lo contrata para diseñar un complejo monumental. Sin embargo, este aparente gesto de admiración pronto se revela como una relación de poder desigual: Van Buren ve a László como un sirviente de su visión, no como un igual. En esta relación, Corbet establece una crítica mordaz sobre el capitalismo americano y cómo la inmigración es utilizada como una herramienta de explotación, disfrazada de oportunidades.

 

EL BRUTALISTA | Cinemark Hoyts

 

Brutalismo arquitectónico y brutalismo social

La elección del título El Brutalista no es casual. Más allá del estilo arquitectónico que define la obra de László, el término también funciona como una metáfora del mundo que lo rodea. El brutalismo, con sus formas masivas y su aparente frialdad, representa la permanencia en un mundo frágil y en constante cambio, un anhelo que resuena en el protagonista, un hombre que busca dejar su huella en la historia mientras lucha contra la inestabilidad de su propio destino.

Desde la perspectiva visual, Corbet refuerza esta idea con el uso de VistaVision, un formato de alta resolución que realza la majestuosidad de las estructuras arquitectónicas en la pantalla, pero también enfatiza la frialdad del entorno. La película está compuesta por imágenes imponentes y una iluminación que oscila entre lo cálido y lo opresivo, creando un ambiente que refleja la tensión constante entre la aspiración y la alienación.

 

El brutalista”, contrastes del sueño americano

 

La historia como un reflejo del presente

Si bien la historia de El Brutalista está ambientada en el siglo XX, sus temáticas resuenan con la realidad contemporánea. La lucha de los inmigrantes por encontrar un lugar en una sociedad que los mira con desconfianza, la instrumentalización del talento extranjero en favor de las elites, y la difícil reconciliación con el pasado traumático, son cuestiones que siguen vigentes. Corbet no se limita a contar una historia de época, sino que nos ofrece una reflexión sobre cómo el Sueño Americano ha sido, para muchos, una promesa incumplida.

Conclusión: una obra monumental y desafiante

El Brutalista es una película que desafía tanto a su protagonista como a su audiencia. Con un ritmo pausado pero hipnótico, Corbet construye una obra que no solo retrata la vida de un hombre, sino que también examina los cimientos sobre los que se erige la sociedad estadounidense. Adrien Brody ofrece una de sus actuaciones más complejas, encarnando a un personaje que, a pesar de sus defectos, logra conmover y fascinar.

La película no es solo un relato de superación personal, sino una crítica al sistema que, a lo largo de la historia, ha absorbido y deformado las esperanzas de los inmigrantes. Su audaz narrativa y su profundidad temática la convierten en una de las más grandes candidatas al Oscar y, posiblemente, en una de las obras más impactantes del cine contemporáneo.